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Su vida era un caos. La enfermedad de su mamá lo despertó. Esta es la historia de Víctor.

Sep 2
3 min read

Víctor Manuel Rodríguez es graduado del hogar de discipulado Rise. Antes de llegar, su vida no tenía rumbo.

"Mi vida era un caos. Era un drogadicto que no tenía límites. A la droga, a todo lo malo que te puedas imaginar."

Por dentro peleaba consigo mismo, entre lo bueno y lo malo, y lo malo siempre ganaba. Había llegado a creer que ese era su destino.

"Creía que siempre iba a estar abajo, que ya no iba a ser el mismo que fui alguna vez, que iba a caer en el mismo abismo, en la misma oscuridad."

Lo que lo hizo reaccionar


Lo que finalmente lo movió no fue su propio dolor, sino el de su mamá. Verla enfermarse, caer en depresión, y tener que cuidarla, sabiendo que él sentía que era su culpa, fue lo que lo llevó a pedir ayuda. Había perdido su dignidad, y eso ya no le importaba. Lo que importaba era su familia.

"Intenté dejarlo por mí mismo, porque lo había hecho antes y creí que lo podía hacer de nuevo. Y no pude. Necesité la ayuda de Dios."

Una casa de fe que no esperaba


Víctor ni siquiera sabía que Rise era una casa de fe. Al principio, cuando los hermanos empezaban a orar, él andaba muy mal, enfermo, sin ganas de compartir nada. Se la pasaba acostado en la cama, deprimido, sin esperanza, solo queriendo que pasara el tiempo, sin nada definido para su futuro.

Poco a poco, eso cambió.

"La casa me dio fe, me dio a Dios y me dio esperanza. Ver a la gente crecer, y verme crecer a mí, es lo que la casa nos da: la esperanza y la fe de que Dios todo lo puede."

De vuelta a la constancia


Víctor reconoce que nunca fue perfecto, pero aprendió la disciplina y la constancia. Cuando adora a Dios, dice que tiene tantas cosas que decirle. Y le vuelve un recuerdo tierno: su abuelita, que fue quien le enseñó a alabar a Dios cuando era niño. En aquel entonces nunca aprendió a ser constante. Ahora sí lo es.


Salir a dar su testimonio también lo marcó. Al hablar con la gente en la calle, se dio cuenta de cuántos están pasando por lo mismo que él pasó, sufriendo como sufrió su mamá, como sufrió él.

"Hoy lo puedo escuchar, puedo platicar con Él, puedo confesarle mis pecados. Porque no somos perfectos y nunca lo vamos a ser, pero lo tenemos a Él. Sé que a diario va a estar conmigo."

Cada día es un día nuevo


Víctor no dice que sea fácil. Dice que es mejor.

"Hoy tengo fe de que algo bueno va a salir del día. Lo que pasó ayer, lo dejo atrás. Cada día es un día nuevo, y Dios va a estar ahí conmigo, ayudándome."

Lo que más quiere que la gente sepa es sencillo, y viene de alguien que estuvo hasta el fondo.

"Hay esperanza. Hay vida más allá de lo que uno sufre, de lo que uno hace, de lo que uno piensa. Uno cree que no hay futuro, pero sí lo hay, porque hay Dios, hay fe y hay esperanza."

Y agrega algo que todo pastor y toda familia necesita escuchar: el cambio de vida no es solo para uno, sino para la familia y para toda la gente que vive alrededor.


Si esta es tu historia


Víctor creía que ya no había vuelta atrás. Se equivocaba. Si así te sientes, o si alguien que amas está sufriendo de esta manera, no esperes. Es gratis, siempre contesta una persona real, de día o de noche, y todo empieza con una sola llamada.


¿Listo para dar el primer paso? Pide ayuda ahora. La libertad está a una sola llamada de distancia. (325) 232-5449.


Y todo es gratis gracias a personas como tú. Como dice Víctor, gracias por la visión, y por entender que una vida transformada transforma también a toda una familia.

Si tú o alguien que amas está luchando con una adicción o con pensamientos de suicidio, no estás solo y hay ayuda disponible. La línea de ayuda de Rise Discipleship está disponible las 24 horas: (325) 232-5449.

 
 
 

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(325) 232-5449

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